CRECIMIENTO HISTORICO

La aldea de Santiago de Managua recibió por Real Cédula del 24 de marzo de 1819 el título de “Leal Villa de Managua” (Cuadra; 1939:92-96). Después de la independencia de Centroamérica en 1821, sería conocida como Villa de Santiago de Managua. Elevada a ciudad por decreto expedido por el Congreso el 24 de julio de 1846, bajo la denominación de Santiago de Managua (Traña; 2000:63). Seis años más tarde, el Director de Estado Fulgencio Vega expide un decreto donde “traslada” a la ciudad de Santiago de Managua la residencia del Poder Ejecutivo, de esa forma se convierte en capital de la República (Traña, ibíd.: 65).

La llegada al poder de Fruto Chamorro en 1853 significó un paréntesis para Managua como asiento del ejecutivo, debido a que este gobernante decidió establecer la sede del gobierno en Granada. A mediados de 1857, ya finalizada la guerra contra los filibusteros, el gobierno bicéfalo de Tomás Martínez y Máximo Jerez, deciden establecer de manera permanente los poderes del Estado en Managua, situación que se ha mantenido hasta hoy día (Traña, ibid.:66).

Las principales actividades económicas a partir del último tercio del siglo XIX, además del añil -ya en declive- y algunos productos de consumo tradicional, era el café. Este último rubro, había sido introducido al sistema productivo de la ciudad, de manera particular en la zona conocida como Las cuchillas (Fernández, 1978).

La población estimada para 1870, según Pablo Levy, era de 8 mil habitantes. Una población menor comparada con el estimado dado en la fundamentación del Rey Fernando Séptimo, cuando la elevó a Villa, donde mencionaba que había 11 mil habitantes. No obstante, es bueno recordar la epidemia del cólera morbus por su incidencia en el índice poblacional de la cuidad. Esta situación de salubridad pública, producto de la ausencia de sistemas sanitarios y de inadecuadas prácticas de higiene, provocó miles de muertes, desde principios de la década del 50, cuando hizo la primera aparición el brote, hasta la década del 80, fecha en que el gobierno lograría controlarla.

La prosperidad generada por el alza en las exportaciones del café se ve reflejada en las mejoras urbanas que experimentaría la ciudad de Managua a partir de finales de la década del 70 del siglo XIX. Se crean centros culturales y de diversión, y se introducen mejoras en el sistema de transporte y comunicación.

Para el año de 1876 se crea el hospital de Managua, regentado por órdenes religiosas. Ese mismo año, se inicia la construcción del ferrocarril, el cual para 1886 conectaba las principales ciudades del Pacífico (Cuadra, Heliodoro; 1939:293). En el año de 1882 la Biblioteca Nacional abre sus puertas al público en general (Alvarado; 2000: 24) y al siguiente año se crea la Escuela de artes y oficios, la cual tenía como misión preparar obreros con cierta cualificación para atender las demandas de los sistemas productivos en marcha (Ayerdis; 2004: 112).

En plena expansión cafetalera del último tercio del siglo XIX las principales ciudades del pacífico del país ya contaban con sistemas de acueductos. A principios del siglo XX el sistema de agua potable de Managua es alimentado en su totalidad por las aguas del lago Xolotlán. Los primeros sistemas de servicio de luz eléctrica comienzan a instalarse en la primera década del siglo XX.

El emblemático e histórico Mercado Central o San Miguel, es construido en la primera década del siglo XX y destruido en el terremoto de 1931. El Cementerio General u Occidental es construido a finales de la década del diez, fuera del casco urbano de la ciudad. La razón de esta medida era la clausura del antiguo Cementerio San Pedro, el cual debido al crecimiento urbano, estaba quedando dentro de la ciudad.

Como se puede observar, la ciudad comienza a estructurarse con el diseño de espacios y servicios públicos acordes a las necesidades de una ciudad moderna. A finales de la década del veinte del siglo pasado se observa otra oleada de mejoras urbanas. Se inicia el proceso de adecuación de las calles de la ciudad, siguiendo los estándares internacionales, en materia de diseño y circulación de vehículos automotores -los cuales estaban en aumento. Se pavimentan calles históricas de Managua como la Central -bautizada en 1945 como Avenida Roosevelt-, Bolívar, Centenario. El aeropuerto militar construido por las tropas interventoras norteamericanas a inicios del 30, conocido como La aviación, es utilizado con fines civiles y comerciales a finales de esa década y a inicios del 40, llegando a ser el primer aeropuerto comercial de la capital, conocido como Aeropuerto Xolotlán.

Se inicia la construcción de emblemáticos edificios públicos los cuales desaparecen a consecuencia del terremoto de 1972. A finales de la década de 1920 se comienza la construcción de la Casa de Gobierno en la Loma de Tiscapa, cuyo estilo morisco todavía se recuerda. Ese mismo año, se inicia la construcción del Palacio de Ayuntamiento y la Catedral de Managua, esta última terminada hasta finales de la década del 30.

En el año de 1930, por Decreto del Congreso el 23 de enero de 1930, se establece que Managua será a partir de esa fecha un Distrito (Traña; 2000: 179-181). Esto significó la pérdida de su autonomía municipal, dado que se crea un estatuto administrativo especial, sujeto al Poder Ejecutivo. Sus autoridades no son elegidas, sino nombradas por el Presidente de la República. Esta condición administrativa de Distrito Nacional, se mantiene hasta el año de 1979.

Según Heliodoro Cuadra, hasta la década del 30 se dividía en 4 distritos electorales, los cuales albergaban tradicionales barrios, cuyos nombres hacen referencias a parroquias: San Miguel, San Antonio, Santo Domingo, Candelaria. San Sebastián no lo incluye. Es probable que este último se le haya incorporado durante la década del 40.

El terremoto de 1931 afectó el centro histórico de la ciudad, al destruir más de un centenar de casas de habitación y edificios emblemáticos construidos a finales del siglo XIX, como la Penitenciaría Nacional y el Palacio Nacional. A consecuencia de esta catástrofe, se observa una expansión de la ciudad hacia su parte Oriental, con la creación de nuevos barrios -hoy día históricos- Campo Bruce, Larreynaga, Silva, Santa Rosa, Altagracia, entre otros.

En el plano de las técnicas de construcción, se toman algunas medidas en las que se establecen regulaciones en materia de normas y utilización de materiales. Las medidas tenían la finalidad de enfrentar de mejor manera futuros sismos. Por tal razón, se extreman medidas para el no uso de materiales o técnicas relacionadas con el adobe en la construcción de casas domiciliares, pero sí se permite el uso del taquezal.

Para el año de 1954, la Oficina Nacional de Urbanismo asume la responsabilidad de establecer normas de regulación y desarrollo urbano de Managua y del resto del país. Esta institución establece un Plan Regulador coordinante de zonificaciones, el cual debía de regular el crecimiento de la ciudad desde mediados de la década del 50. Sobre este marco legal de urbanización se sustenta un auge inmobiliario de la década del 50, 60 y 70 del siglo pasado.

Como producto del boom algodonero y las políticas de integración de la región, entre ellas el Mercado Común Centroamericano, en la década del cincuenta y sesenta respectivamente, se inicia un incremento en la construcción residencial y de edificios públicos. El establecimiento de nuevos residenciales fuera de la zona histórica de Managua, en especial hacia el sur, afectaba el paisaje natural de la periferia de la ciudad, ya que las áreas de bosque de esa zona son afectadas con el despale. Además, el avance hacia zonas de altura de las Sierras hace más vulnerable a la ciudad, dado que las corrientes de agua de la meseta corren con más fuerza hacia el lago al no haber vegetación.

El incremento de la construcción, contempla una serie de residenciales para sectores sociales diferenciados. Por ejemplo, Bolonia, Las Colinas, Altamira, Los Robles, Lomas de Guadalupe, Colonia Mántica, Ciudad Jardín, entre otros, están diseñadas para sectores medios y altos de la sociedad. Las Brisas, Linda Vista, La Centroamérica, Salvadorita, para sectores medios bajo, entre ellos, profesionales y medianos comerciantes. La Nicarao, Colonia 14 de Septiembre, Máximo Jerez, para obreros calificados y oficinistas, o trabajadores del estado o del sector privado con trabajo fijo.

La expansión urbana va acompañada de una alta tasa de crecimiento poblacional de la ciudad y del país en su conjunto. Según el censo de 1950 Nicaragua tenía una población total de 1 millón 100 mil habitantes. Para el censo de 1971, la población llegaba a los 2 millones de habitantes. En el caso de Managua, para 1950 su población apenas llegaba 200 mil habitantes. A principios del 70, se acercaba al medio millón, lo que representaba casi el 30% de la población total.

Un recuento de los registros de sismos documentados indica un comportamiento cíclico y sostenido en cuanto a frecuencia e intensidad. Hasta mediados del siglo XX, el movimiento telúrico más recordado, debido a los daños ocasionados a la ciudad, es el del Martes Santo del 31 de marzo de 1931 (Bautista Lara 2008: 45).

En 1968, se dieron movimientos telúricos de moderada intensidad en la parte sur de la capital, justo en las áreas donde se venía construyendo complejos habitacionales, y donde se proyectaba el crecimiento urbano de la ciudad. Algunas viviendas de la Colonia Centroamérica sufrieron daños. Estos seísmos actuarían como una especie de preludio de lo que le ocurriría a la ciudad y a sus habitantes cuatro años después.

Los movimientos telúricos de la madrugada del 23 de diciembre de 1972, cuya máxima intensidad fue calculada en 6.2 en la escala de Richter (Baltodano Pallais 2008:9), es el terremoto que más recuerdan las generaciones actuales de capitalinos. Los niveles de devastación material, la secuela de muertos y heridos, así como las afectaciones a todo el sistema productivo, sanitario y de servicio en general, pueden explicar las razones por las cuales se sigue recordando ese evento telúrico.

Antes del terremoto, al igual que el resto de capitales de América Latina, Managua era el principal centro político, económico, industrial y cultural del país. Si bien la ciudad mantiene su importancia, entre otras razones por la concentración comercial, industrial, y por albergar la sede de los Poderes del Estado, la tragedia de diciembre de 1972 representa en la memoria colectiva de sus habitantes un antes y después.

Desde el punto de vista de la estructura urbana, la capital no volverá a tener el mismo diseño, ni la misma dinámica comercial y cultural. Su reconstrucción ha marchado con lentitud, sin que sus habitantes tengan conocimiento y seguridad de que la misma se desarrolla sobre la base de un Plan Urbano. Esa sensación se acentúa debido al hecho que el casco urbano histórico fue abandonado, producto de la demolición.

El centro histórico que conocieron generaciones anteriores a la de 1972 despareció para siempre. El diseño de la ciudad recogía ecos del trazado clásico español de tablero: Plaza Central, Iglesia al frente, Edificio de Ayuntamiento; calles en cuadrículas cuyo diseño estaban estructuradas con el fin de conectarse con la plaza central. El comercio y las áreas residenciales se aglomeraban en calles y avenidas cercanas, las cuales tenían nombres propios y gozaban de demarcaciones barriales.

La reconstrucción del área central de Managua posterior al terremoto, en absoluto recoge del esplendor y vida urbana abigarrada y ordenada según los cánones tradicionales de la metrópolis latinoamericana, en la cual nacieron y crecieron generaciones anteriores a las actuales del siglo XXI. Queda aún en la memoria colectiva recuerdos de sitios emblemáticos, prácticas sociales y culturales, cuyos vestigios, aún presente en algunos casos, representan ese vínculo con un pasado urbano cuya lectura enseña de manera trágica la azarosa vida política del último tercio del siglo XX.

Las nuevas generaciones no tuvieron la suerte de experimentar la vida cotidiana urbana de la Managua anterior al terremoto de 1972. Sus vivencias están mediadas por los recuerdos de sus padres o abuelos, quienes con nostalgia les reconstruyen de manera imaginaria épocas, personajes, iglesias, lugares de diversión, escuelas, colegios, tiendas comerciales, calles o avenidas.

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